La maternidad resumida en fluidos.

 Cuando inicié el capítulo de mi vida como "mamá de Gabo" (si algún día lees esto, pues mamá de lo que viene siendo tuya) una de las primeras cosas que me percaté fue que la maternidad inicia, continúa y supongo que si termina (aunque siento que en todas mis siguientes vidas recordaré lo emocionante, frustrante, alegre, triste, y siempre magnífico que es ser tu madre) entre fluidos propios y ajenos. 

No vamos a hablar de la concepción porque ya muchos años de terapia te he costado. Al nacer, sales de la placenta que está llena del líquido amniótico y básicamente fluidos tuyos. Después entre baba, pipí, leche mía y fórmula y por qué no... popó líquida pues vas creciendo.

Otra cosa que he descubierto un poco después y paulatinamente a base de gritos, golpes, palabras lindas y no lindas, amor y desamor (este último solo de tu parte porque desde que te tengo en mi panza jamás he dejado de amarte ni por un milimilimilisegundo) que en la maternidad, o en la mía porque es solo la que conozco, a veces hay derrotas que de inicio te saben a victorias (y me doy cuenta... tarde que son realmente derrotas). Y victorias que saben francamente a la peor derrota jajajaja. 

Hoy después de un día de trabajo, de pedirle a laas chicas de la café que tuvieran listo 13.40 nuestra comida para llevar y que tuviera que esperar casi 10 min.... salí corriendo por ti. De Pedregal a Tepepan donde ahora con gusto te veo corriendo y jugando y teniendo mil ocho mil amigos que se entristecen porque dejarás de jugar con ellos porque "Gabo... tu mamá ya llegó".

Y de Tepepan a Polanco. Para llevarte a tu terapia que... recién te subes al coche me dices no quieres ir. Te digo que llegamos y comemos porque el Google maps (cómo casi siempre) nos miente y dice que llegaremos 30 min antes... me dices que ya quieres comer... medio comes y mordisqueas todo... y unos 10 minutos después... cuando Google ya aumento como 20 min el tiempo... mientras vamos en el carril de máxima velocidad, 30 km por hora,... me dices hay que regresarnos porque ya me mareé.

Entre que te digo respira y me dices que sigues mareado, empiezo a pensar, que si se da el caso, cuál sería el mejor lugar para que vomitaras. Lo único que logro idear es que vomites en la bolsa de la comida... que es de papel Kraft, pero papel al fin.

Cuando dices que o me paro o me paro (insisto, carril de extrema izquierda) te paso la bolsa y te digo... mete la cabeza y vomita ahí... confiando que la física, química y biología nos ayuden para que el súper contenedor de vómito que te acabo de entregar... aguante. 

Después de gritar que tiene comida y de con el mismo volumen decirte que vomites ahí no te preocupes... empujas con tus piecitos el asiento y vomitas. Tres veces, mientras intentaba orillarme y te decía respira todo está bien, aquí estoy (con una mano en el volante otra tratando de apapacharte... intentando mirar al frente y verte a ti... y con toda la culpa del mundo). 

Cuando paras te digo que bajes al piso la bolsa... por primera vez en el día me haces caso a la primera y medianamente sobrevivimos al vómito a alta velocidad. 

Te digo que no pises la bolsa que tranquilo, que respires... y en otro cálculo matemático deduzco que, mejor le seguimos porque en medio de la lateral de periférico va a estar cañón arreglar algo y... no vamos a llegar. 

Llegamos, te cambias. Y como si vómito regado en el coche, los mocos después de tu llanto no fueran suficientes, me bajo del coche y me dan ganas de ir al baño, de esas veces que comúnmente me pasa donde no puedo ni caminar. Mucho menos subir escaleras o saludar al poli del edificio con decencia. 

Como puedo... después de ver qué vomitaste en un coche a 30 km por hora en promedio sin mancharte demasiado, nos reconozco invencibles y me pongo a caminar con la dignidad que me queda en este momento. 

Llegamos, saludamos a Kari y como si nada de lo anterior hubiera ocurrido le pido como quitada de la pena las llaves del baño. 

Corremos. Entramos al baño, tu a lavarte las manos llenas de vómito y gel antibacterial y yo a rogar que no fuera tanta pipí en los calzones jajaja.

Te dejo en la terapia, no sin antes haber estado pensando en una posible solución para que cuando tú salgas... el vómito en la medida de lo posible haya desaparecido. 

Recorro toda la calle (porque por más que pedí que nos tocará estacionarnos al inicio... la Vida, Dios, el Universo... te da lo que necesitas para aprender las lección) con una bolsa destruida por el vomito. Envuelta en un Publimetro que tu abuelo traía en su coche, que espero no le tenga mucho afecto para tirar todo en el basurero de la alcaldía Miguel Hidalgo (gracias al señor, porque en Xochimilco o Iztapalapa... seguro tendría que haberlo dejado con toda la pena en la vía pública). 

Y esta Gabo... es una victoria, que parece derrota jajajaja. 



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